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Frente Amplio post primarias: Lo bueno, lo malo, lo feo

By admin
In Columnas
Jul 13th, 2017
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El slogan de Mayol “Es que no has entendido nada” debería pasar a la historia del marketing y de la comunicación política como uno de los peores que se han visto en una campaña. De hecho, podríamos decir que fue un anti-slogan. No sólo era inentendible en su propósito comunicativo, sino que – si es que uno llegaba a comprenderlo- se arribaba a la conclusión de que nació discursivamente de la soberbia intelectual.

Son tiempos políticos vertiginosos los que hoy vivimos en Chile. Tiempos en que las recetas conocidas, las rutinas y las costumbres ya no proveen al bloque dominante de todas las respuestas y guías de acción necesarias para perpetuar su sistema de dominación. Pareciera ser que nos encontramos ad portam del cierre de un ciclo y la apertura de otro. Ante eso se requieren renuncias a alternativas conocidas y audacia para nuevas fórmulas de acción.

Por lo mismo, en teoría al menos, estos tiempos deberían favorecer con viento de cola a las fuerzas emergentes que, como el Frente Amplio (FA), quieren cambiar el tipo de sociedad postdictatorial/neoliberal que la Concertación, junto con la derecha, consolidaron en Chile. Y favorecerlas no sólo por la fuerza generacional que en términos de su composición etaria tiene el FA, también porque en tiempos en que el usual libreto de la dominación no exhibe la misma eficacia, se abre un momento, una ventana que, como dice Álvaro García Linera, debe ser aprovechada al máximo por las fuerzas emancipadoras para resquebrajar la continuidad de la dominación y develar las contradicciones de larga duración acumuladas y ocultadas durante décadas.

En ese marco ocurrieron las primarias el 2 de julio, y son muchísimas las cuestiones que se pueden describir y analizar en relación con éstas. Veamos unas pocas en estas líneas.

Lo bueno
El FA está dando la pelea. Se consolida, así como actor político en el escenario electoral chileno, en un año en que se elegirán senadores, diputados, consejeros regionales y presidente.

Al concurrir la derecha chilena y el FA a las primarias ocurrieron, entre otras, dos cosas. En primer lugar, se le devolvió a la política esa necesaria característica que la Concertación, pareciéndose cada vez más a la derecha, se empeñó por años en borrar: conflicto y diferenciación. Se ha comenzado así a reinstalar el antagonismo como parte de la lucha política. Y la lucha no es –como mercurialmente se nos ha querido hacer creer- por la conquista del centro político. La lucha, especialmente en este contexto de crisis de legitimidad de la clase política tradicional, gira en torno a quién tendrá la fuerza para convertirse en centro gravitacional del campo político.

Claramente en los últimos 25 años la Concertación ha sido fuerza gravitacional de la política nacional, con su proyecto de país neoliberal progre. Pero el consenso neoliberal y económico se ha resquebrajado. Nuevamente se disputa hegemonía en Chile, y está en cuestión quién tendrá el liderazgo para construir un centro gravitacional político. Al concurrir a las primarias, el FA entró en esa disputa.

En segundo lugar, esta disputa requiere que las coaliciones políticas tengan visibilidad masiva y que los grados de conocimiento de sus dirigentes sean los más altos posibles. Ambas cuestiones se lograron con dos debates radiales, dos debates televisivos (El Informante y Meganoticias) y, por su puesto, con la franja electoral que llegó a promediar 40 puntos de rating.

El FA estuvo ahí, dio la pelea, comenzó a disputar hegemonía, y se supo.

Lo Malo
Sin embargo, quedó claro que puntos de rating no significan electores. El FA obtuvo en las municipales del año pasado 275 mil votos, en estas primarias votaron 325 mil por alguno de sus candidatos. Es cierto que Ossandón a solas tiene más votos que el FA, pero también lo es que esos votos no los tiene asegurados Piñera, como dice Jorge Arrate, “gran parte de los votos de Ossandón son de desprecio a Piñera.” El mayor problema no es ese, es que las comunas populares no aportaron prácticamente votos al FA, en cambio sí a la derecha. Una izquierda sin pueblo es la que se vio en las primarias.

El FA, si quiere ser izquierda, no puede sumarse a esa tendencia de la elite de hablar del país, pero estar ajenos a la realidad de la mayoría social, a la realidad que viven el 70% de los y las chilenos/as que son los que ganan menos de 390 mil pesos al mes.

La televisión no basta, ni es la variable determinante de una campaña para la izquierda chilena. Ciertas costumbres criollas de copiarle las formas a PODEMOS de España debe tomar nota de ello. Los líderes de PODEMOS han señalado muchas veces lo crucial que fue para su consolidación la televisión y los demás medios; de hecho, han semiotizado gran parte de las explicaciones de su ascenso como tercera fuerza política en España. No es el caso de Chile.

La presencia en medios es importante, romper el cerco de la invisibilidad es fundamental, sólo entonces se comienza a batallar ideológicamente con el adversario. Si no te ven no eres realmente un adversario, pero creer que la lucha, el crecimiento y la consolidación como fuerza se resuelve en el campo comunicacional es un error que favorece la comodidad de hacer política para el pueblo, pero sin el pueblo. Toda la clase política chilena tiene sus circuitos cortados con el grueso de la ciudadanía, de la mayoría social. No estamos ajenos a ese escenario, pero no por eso hay que replicarlo y reproducirlo.

Es justamente lo contrario lo que a lo largo del siglo 20 hizo la izquierda chilena. La misma que con Allende se instaló como fuerza gravitacional del campo político chileno e incluso latinoamericano, tanto que hubo que frenarla con Golpe de Estado y masacre.

Tenemos un bolsón de votos de 327 mil chilenos y chilenas que apoyan militantemente al FA, una suerte de “minoría activa” que, en un escenario de elecciones presidenciales y parlamentarias, puede aspirar a ser doblada. Si cada uno de los 327 mil electores FA lleva un nuevo votante a las elecciones de noviembre, y si proyectamos una abstención del 50%, podemos aspirar a un 10% de la votación total. Como nos alerta Arrate, “si no hacemos ese intento no hay ninguna posibilidad real de dar una sorpresa”. Si lo logramos, romperíamos con la maldición de la marginalidad que ha condenado a la desaparición a todos los anteriores intentos de romper el bloque neoliberal, como fueron el Juntos Podemos (Hirsch); Juntos Podemos Más (Arrate) o Todos a La Moneda (Claude).

Alterar esa maldición no se logra operando políticamente sólo en y a través de los medios, aunque se marque 40 puntos de rating. Es el momento de escuchar y aprender de las fuerzas que al interior del FA tienen efectivamente inserción territorial como el Partido Igualdad, Ukamau o No Más AFP. Es el momento de que al liderazgo que proviene de las luchas estudiantiles, se le sume el liderazgo nacido al calor de las luchas sociales. Los luchadores y líderes sociales son menos conocidos que los estudiantiles porque no han tenidos los espacios televisivos que sí han beneficiados a los primeros. Pero tienen mucho que enseñar. Nuevamente podemos quedar presos de la lógica mediático-comunicacional si optamos por los más visibles (que no siempre son los que mejor conocen la realidad que vive la mayoría social), desperdiciando así un conocimiento y una experiencia de la lucha y resistencia anti-neoliberal territorial de militantes sociales que suelen estar ligados y vivir como vive la mayoría social.

En ese sentido, no siempre, claro, pero a menudo ocurre que las cosas se ven bastante más claras cuando se plantean en términos de clases sociales y no de comunicación.

Lo Feo
El slogan de Mayol “Es que no has entendido nada” debería pasar a la historia del marketing y de la comunicación política como uno de los peores que se han visto en una campaña. De hecho, podríamos decir que fue un anti-slogan. No sólo era inentendible en su propósito comunicativo, sino que – si es que uno llegaba a comprenderlo- se arribaba a la conclusión de que nació discursivamente de la soberbia intelectual. Esa es la fuente creativa que inventa un lema que trata a la mayoría de los chilenos como güeones y más encima quiere que lo voten.

Fue un slogan tan cargado de soberbia intelectual que incumplió los requisitos básicos de cualquier campaña: hablarle tanto al indeciso (el paradestinatario, según Verón) como al adherente (el prodestinatario) para generar y reforzar actitud de adherencia electoral, y no para abordarlo desde la antipatía intelectual. ¿Cuál era el destinatario de esa afirmación llena de polaridad negativa? Misterio. Pero, además, en términos netamente políticos, el slogan contradice la promesa de izquierda que hacía Mayol: la igualdad. Al tratar a los demás como ignorantes e intelectualmente inferiores, cualquier discurso que apunte a la igualdad – valor esencial de la izquierda- resulta poco creíble.

Sin embargo, creo que lo más feo de la campaña fueron las opiniones de Beatriz Sánchez para referirse a los tres grandes intentos de emancipación política del imperialismo que se han forjado en nuestro continente: la Cuba de Fidel, la Venezuela de Chávez y el Chile de Allende. A esos tres intentos históricos de liberación y autodeterminación Sánchez los descalificó con una discursividad propia de la derecha. Criticar a Fidel o a Chávez y Maduro sin mencionar, aunque sea de pasada – no digamos ya analizar- el papel de Estados Unidos en la permanente, sistemática e ilegal agresión hacia esos modelos de desarrollo alternativos, es inaceptable en alguien que se autodefine como de izquierda.

Pero calificar la experiencia gubernamental de Allende como autoritaria es algo que ni la derecha chilena ha hecho. Es cierto que hubo disculpas públicas después, pero también es cierto que hubo una continuidad, una lógica coherente en la crítica latinoamericanista de Sánchez: Cuba, Venezuela, Allende….

¿Con qué proceso histórico y latinoamericano se va a identificar históricamente Beatriz Sánchez, si ya sabemos que no es con la Cuba guevarista, el Chile allendista ni la Venezuela chavista y bolivariana? ¿Se identificará con alguna continuidad histórica latinoamericana, o preferirá continuar con el vacío de formación que hay en Chile con la historia nacional de emancipación? ¿Acaso optara, como dice Arrate, por la parterogénesis? ¿O sea, un bicho que sale de sí mismo no más?

En definitiva, vivimos los chilenos y chilenas una realidad de neoliberalismo avanzado, de capitalismo extremo, en una etapa y ciclo particular del capitalismo. En ese escenario concreto y doloroso, el FA o se diferencia esencialmente del bloque de poder o fracasa.

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